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BiBLiOFiLiANA VI

Movimiento fonetista
Cuervo con K, rimas con dos erres, no es un error de imprenta ni un tipógrafo que se volvió loco.

Las portadas de los libros que reproducimos y de los que la Biblioteca del Ateneo tiene una pequeña colección, corresponden a obras escritas siguiendo las consignas del movimiento fonetista.

Son libros publicados casi todos en Chile donde este movimiento tuvo más arraigo, y de temática variada, el Cuervo de Poe, las Rimas de Bécquer, libros técnicos, de geografía y sobre todo de lo que ellos llamaban de “ortografía rrazional”, defendiendo esta corriente ortográfica en la escritura del castellano.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua da dos acepciones para la palabra fonetismo:
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Conjunto de caracteres fonéticos de un idioma

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y la segunda que es la que nos interesa

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Adaptación de la escritura a la más exacta representación de los sonidos de un idioma

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El dilema de fijar las normas de ortografía del castellano según sus sonidos o atendiendo al origen etimológico de las palabras viene de antiguo. Alfonso el Sabio en su Crónica General toma como criterio para escribir, el uso y la pronunciación para la fijación ortográfica.

Pasan los siglos, llega el Renacimiento, la imprenta y el gran Antonio de Nebrija, que también mantiene la postura de alejarse de la norma latinizante y prefiere la igualación escritura/pronunciación.

Tras la Guerra de Sucesión, el acceso de Felipe de Anjou al trono con el nombre de Felipe V dio lugar a un marcado afrancesamiento de las instituciones culturales. Entre ellas se contó la Real Academia Española, fundada en 1714 con la idea de fijar, de acuerdo con el ideal sistemático de la época, la pureza de la lengua.

Ortografía Kastellana nueva i perfecta...

La concepción de la RAE se hizo evidente en su Diccionario de Autoridades, publicado a lo largo de la década de 1720, en que el buen decir se recaba de la obra de un canon bien seleccionado de autores y eruditos. Bajo la influencia del salmantino Adrián Cónnink, el Diccionario rompió de cuajo con la tendencia fonetista y recuperó los principios que la Académie française había empleado para fijar la lengua francesa: la etimología y la pronunciación histórica. De ese modo, restauró la diferencia entre B y V aún donde fonológicamente había desaparecido, impuso grafías latinizantes para los vocablos de origen griego, TH, RH, PS, PH y recuperó las H mudas y fijó la grafía de los grupos consonánticos en atención a su origen.

Para la primera edición de la Orthographia, de 1741, los criterios resultaban ya menos claros. En esa ocasión la Academia optó por conservar el grupo PH, pero simplificó los restantes helenismos a sus formas fonéticas; eliminó además las /s/ iniciales procedentes del latín, o las suplió con una E epentética, sin observar mayor reguralidad.

Las decisiones de la Academia provocaron el rechazo generalizado de los estudiosos,que la consideraron incoherente y anacrónica. Así Mayans escribía en 1745: “Pese al apoyo real, decisiones en este sentido hacen que no falten quienes desconozcan la pretensión de la RAE de servir de árbitro último acerca de cuestiones lingüísticas”.

Página 1 de la obra LA ORTOGRAFÍA RRAZIONAL. T-765-F-3.

Mayans y Antonio Bordazar publicaron sendas ortografías y reeditaron las Reglas de Nebrija, considerando simplemente que las prescripciones académicas eran equivalentes a la doctrina de cualquier otro erudito, y no privándose de criticarlas pública y privadamente.

La tendencia a simplificar continuó, quizás por mor de esta oposición; en 1763 se eliminó la S duplicada y se prescribió el uso de los acentos, incluyendo el circunflejo en las sílabas que la Academia sostenía largas. En 1803 incluyó en el alfabeto la CH y la LL con valor propio y eliminó el uso etimológico de la primera, a la vez que permitió la elisión de las consonantes líquidas en algunos grupos triples heredados del latín; la K se excluyó del alfabeto en esta ocasión. En 1815 se ordenó definitivamente el uso de la Q, permitiéndola sólo ante E e I, se eliminó la X como fricativa salvo en posición final, y se limitó el uso de Y a su valor de consonante, salvo a final de palabra.

La segunda mitad del siglo vería rendirse progresivamente a los objetores y aceptarse las reglas académicas en España. La oposición no tardaría en reeditarse, pero esta vez desde la otra orilla del océano.

Los reformadores americanos
Página con un índice de "LIBROS I FOLLETOS IMPRESOS EN CHILE KON ORTOGRAFÍA RRAZIONAL". T-765-F-3.

Como en las restantes instituciones de la Corona, la Academia no incluía en su número a americanos ni tomaba en consideración los procesos que la lengua experimentaba en contacto con la diversidad lingüística de las tierras conquistadas. De este modo, los estudiosos americanos de la lengua debieron llevar a cabo su tarea fuera de ella y a veces, en franca oposición.

En 1823 vio la luz un escrito del venezolano Andrés Bello, titulado Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar la ortografía en América, publicado en Londres. Bello reconocía el buen trabajo de la Academia en simplificar y ordenar la grafía de la lengua, pero consideraba que las limitaciones etimológicas que ella misma se imponía provocaban efectos desastrosos en la enseñanza en ambas orillas del Atlántico.

La tesis de Bello se apoyaba en que el empleo de la etimología como criterio lingüístico era ocioso -pues en nada se vinculan la lectura y en general el uso de la lengua con su conocimiento histórico- y, en vista de los problemas que producía, contrario al uso racional. Promovía una simplificación en dos etapas, para evitar los problemas de choque con los que se habían enfrentado Jiménez Patón y Correas, y una redistribución del silabario en atención a la realidad del uso lingüístico. Propuso eliminar la ambigua C, la H muda, asignar a G e Y sólo uno de sus valores, escribir siempre RR para representar la consonante vibrante y dedicar un cuerpo de estudiosos a resolver sobre el terreno la diferencia entre B y V. No muy distinta fue la propuesta de Domingo F. Sarmiento, aunque formulada una veintena de años más tarde, durante su exilio chileno; Sarmiento prefería dejar la C en preferencia a la K y prescindir de la V, la X y la Z.

Portada de la obra"RRIMAS", por Gustabo Adolfo Béker. Editorial Kárlos Kabezon. Balparaiso. 1897. Folleto T-769-F-1.

Las propuestas de Bello y Sarmiento no se plasmaron totalmente, pero el 25 de abril de 1844 aspectos de ellas se adoptaron en una propuesta hecha por la facultad de Filosofía de la Universidad de Chile al gobierno de este país, que finalmente se adoptaría allí, en Colombia, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y Argentina. La influencia de Bello se había visto en la propuesta de la Academia Literaria i Científica de Profesores de Instrucción Primaria de Madrid, que el año anterior había adoptado muchos de sus principios. En 1844, sin embargo, Isabel II puso fin a este proyecto al imponer por decreto real el acatamiento a la Academia, a través del Prontuario de ortografía de la lengua castellana dispuesto por Real Orden para el uso de las escuelas públicas por la Real Academia Española con arreglo al sistema adoptado en la novena edición de su diccionario. La diferencia en usos duraría hasta 1927, cuando Chile, el último país en sostener la grafía de Bello, decretó la restitución de las normas académicas.

Esta es, en breves pinceladas, la pequeña historia de estos libros de la Biblioteca del Ateneo, y de que los escolares y adultos de habla castellana sigamos “pegándonos” con la “b” y la v” y la “h”.

Bibliografía 

El sistema ortográfico del español de Rosario Russotto y Luis Álvarez.

El movimiento fonetista de David Ramírez.

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